viernes, 20 de agosto de 2010

LOS DEDOS DE LOS PIES (Raymond Carver)

Este pie no me da más
que problemas.El empeine,
el arco, el tobillo -digo
que me duele al andar-. Pero
principalmente son estos dedos
lo que me preocupa.Esos
"dedos terminales" como
de otro modo se llaman. ¡Qué verdad!
Paea ellos no hay más placer
que ir directos
a un baño caliente, o
a un calcetín de cachemira. Calcetines de cachemira,
sin calcetines, pantuflas, zapatos, tiritas
-todo es uno y lo mismo
para estos dedos entumecidos.
Incluso parecen zumbados
y deprimidos, como si
alguien les hubiera atiborrado
de Torazine. Ahí están hinchados,
aturdidos y mudos -aburridos, sin vida.
¿Qué demonios va a pasar?
¿Qué clase de dedos son éstos
a los que ya no les importa nada?
¿Son de verdad mis
dedos? ¿Han olvidado
los viejos tiempos, cómo era cuando
estaban vivos? Siempre en fila,
primeros en la pista de baile
cuando empezaba la música.
Los primeros en echar a correr.
Míralos. No, no quiero.
No quieres verlos,
son unas babosas. Sólo con dolor
y dificultad pueden recordar
otros tiempos, los buenos tiempos.
Quizá lo que de verdad quieren
es cortar toda relación
con los viejos tiempos, empezar de nuevo,
vivir en la clandestinidad, vivir solos
en una mansión retirada
del valle de Yakima.
Pero hubo un tiempo
en que se estiraban
de gusto
simplemente
se encogían por placer
a la menor provocación,
la cosa más pequeña.
La sensación de un vestido de seda
en los dedos de las manos, digamos.
Una voz apropiada, un toque
en la nuca, incluso
una mirada al pasar. ¡Cualquiera de estas cosas!
El sonido de garras
que se abren, corsés que
se sueltan, ropa que cae
en el frío suelo de madera.

Trad. de Mariano Antolín Rato, en "Un sendero nuevo a la Cascada"
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The Toes


This foot's giving me nothing
but trouble. The ball,
the arch, the ankle--I'm saying
it hurts to walk. But
mainly it's these toes
I worry about. Those
"terminal digits" as they're
otherwise called. How true!
For them no more delight
in going headfirst
into a hot bath, or
a cashmere sock Cashmere socks,
no socks, slippers, shoes, Ace
bandage--it's all one and the same
to these dumb toes.
They even looked zonked out
and depressed, as if
somebody'd pumped them full
of Thorazine. They hunch there
stunned and mute--drab, lifeless
things. What in hell is going on?
What kind of toes are these
that nothing matters any longer?
Are these really my
toes? Have they forgotten
the old days, what it was like
being alive then? Always first
on line, first onto the dance floor
when the music started.
First to kick up their heels.
Look at them. No, don't.
You don't want to see them,
those slugs. It's only with pain
and difficulty they can recall
the other times, the good times.
Maybe what they really want
is to sever all connection
with the old life, start over,
go underground, live alone
in a retirement manor
somewhere in the Yakima Valley.
But there was a time
they used to strain
with anticipation
simply
curl with pleasure
at the least provocation,
the smallest thing.
The feel of a silk dress
against the fingers, say.
A becoming voice, a touch
behind the neck, even
a passing glance. Any of it!
The sound of hooks being
unfastened, stays coming
undone, garments letting go
onto a cool, hardwood floor.


--Raymond Carver

(published in A NEW PATH TO THE WATERFALL)

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